Mi compañera me humilla, por Per0nista
**ADVERTENCIA:** Este relato contiene fetiche de pies, humillación, y bullying. Favor de leer con discreción.
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>**Nota**: Este relato fue subido por el usuario de apodo "*Per0nista*" en el sitio web *Poringa!.* He hecho algunas modificaciones al texto, mas que nada en cuestión de estilo, formato, correción de errores gramaticales, y otros detalles.
>¡Ojala lo disfruten!
>*(****PD****: Si eres el autor original de este texto, y no estas de acuerdo con que haya sido publicado en este subreddit, manda DM, y he de eliminar este post)*
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Para que entiendan lo que ha pasado, necesito darles algo de contexto. Yo voy a una escuela donde de los diecinueve estudiantes, solo hay tres varones contándome a mí mismo. Ustedes quizá pensarán que es una bendición, pero no, es todo lo contrario.
En cuanto a mi, yo mido 165 centímetros, soy delgado, y de facciones algo femeninas. Además, no soy para nada fuerte ni muy social. Por todo lo anteriormente mencionado, soy el blanco favorito de mi bully, Catalina. Ella es una chica linda, alta (176 centímetros) y muy fuerte comparado conmigo. Ella adora molestarme, y aunque yo intento defenderme no hay mucho que pueda hacer. Además, no solo es más fuerte que yo, su madre, que también es la directora de la uni, la consiente mucho por lo cual, ella siempre sale impune sin importar lo mucho que me haga la vida imposible.
No obstante, hubo un día en especial en el cual Catalina llevo todo este bullying al mayor extremo.
Yo estaba en el patio de mi colegio cuando noto que Catalina me agarra de los hombros. También, veo a Belén, su mejor amiga.
—Hola, putita ¿todo bien?— dijo Catalina, sonriente. Yo, ignore el insulto y le respondi secamente:
—¿Qué querés?
Catalina se mostró ligeramente irritada pero siguió hablando tranquilamente:
—Me contó un pajarito que tenés el pene diminuto. Seguro que es cierto ¿me lo podes mostrar?
Yo, obviamente me enoje por el comentario, a lo cual respondí:
—¡¿De qué mierda estás hablando?!
De la nada, Catalina empezó a deslizar su mano por mi pantalón, mientras me susurraba:
—Quiero que te la saques ahora, pu-ti-ta.
A este punto, ya me había hartado. Le aparté la mano, y ya enojado le dije:
—¡Deja de molestar!
Apenas termine la frase, cuando Catalina me pego un fuerte rodillazo en los huevos. Antes de que siquiera pudiese reaccionar, rápidamente me tiro de los brazos y me pego otro fuerte rodillazo. Aprovechando que me tenía agarrado, empezó a girar su rodilla de un lado a otro mientras aplastaba mis huevos. Su rodilla estuvo así durante unos eternos y agonizantes segundos hasta que por fin me tiró al piso boca arriba. No podía creerlo, en un instante me había sometido totalmente. Yo estaba conteniendo las lágrimas por el dolor y la humillación, pero esto recién empezaba.
—Bueno, vamos a ver ese pene— dijo Catalina, con un aire de victoria.
Pude ver como Belén empezó a grabar mientras Catalina me bajaba el pantalón y el calzón. A este punto, ahora si yo estaba llorando. Apenas me terminaba de sacar el calzón cuando escuche una fuerte carcajada.
—¡Jajaja! ¡Yo bien sabía que eras una puta, pero no me imagina que fueras tanto!—carcajeaba Catalina entre lágrimas, sin poder aguantar más la risa.
Yo me sentía totalmente impotente. Lo cierto es que mi pene no superaba los cuatro centímetros y ahora lo estaban grabando. Sin embargo, eso no fue lo peor; las risas tan fuertes de Catalina llamaron la atención de mis otras compañeras, que ahora estaban viendo cómo yo era totalmente humillado.
—¿Sabes que?— dijo Catalina, sonriendo— solo hay una cosa que una mierda como vos merece ser; así que vas a convertirte en mi esclavo.
Dijo esa última frase con total seriedad y firmeza, como si fuese una orden, pero yo estaba totalmente enrabiado.
—¡Te voy a matar hija de pu…!
No pude terminar esa frase, puesto que antes de hacerlo el puntapié de Catalina estaba ya hundido en mis huevos. No fue el único impacto que recibí; pronto Catalina empezó a patearme continuamente sin piedad alguna. Al terminar, remató el dolor con una increíblemente fuerte pisada. Mientras ella retorcía y aplastaba mi orgullo masculino con su femenil talon, ella dijo:
—No fue una propuesta fue una orden. ¿Entendiste, trola?
Yo no sabia que hacer. Obviamente no iba a humillarme de tal manera, pero decir que estaba sufriendo un dolor inaguantable sería quedarse corto; realmente no sabía cómo me estaba manteniendo consciente, y me aterraba pensar en que podría ocurrir si me desmayaba frente a ella. Realmente no tenía otra opción, pese a la enorme humillación respondí lo más sumisamente que pude:
—Si entendí, ama…
Catalina rio ligeramente, dejó de pisarme y se sentó en un banco que había cerca.
—Muy bien esclavo, termina de sacarte la ropa y ponete en cuatro como la puta que sos— ordenó Catalina, con un tono dominante.
Yo obedecí vergonzosamente.
—¡Bien! Veo que vas entendiendo, esclavo. Ahora…
Catalina se sacó el zapato de su pie derecho mostrando su media blanca, lo extendió hacia mí y dijo sádicamente:
—Lámela
Yo no entendia como habia llegado a este punto, todo había pasado demasiado rápido, pero no podía hacer nada; realmente ella me sometió totalmente sin que yo pudiese hacer nada al respecto. Totalmente dominado, me arrastre hasta su pie, y, frente a todas mis compañeras y la cámara de Belén, empeze a lamer el pie que me había dominado.
Catalina no podia esbosar mas alegría; era como si hubiese estado esperando esto toda su vida.
—Siempre supe que ibas a terminar así, puta. Desde que te vi, me di cuenta que solo servías para ser mi esclavo. Esta es tu misión en la vida, lo único para lo que servís. Es lo que te mereces. —dijo Catalina.
Ella siguió insultandome de esa manera mientras yo lamia su pie sumisamente. Todas mis compañeras se reian y sacaban fotos de como yo era totalmente esclavizado. No existian lagrimas para expresar toda la angustia que estaba sufriendo; toda la humillacion, verguenza e impotencia que estaba pasando sin poder hacer nada. Realmente era su esclavo.
Me obligo a lamer su otro pie, a desfilar desnudo, y a decir frente a todos que era una putita pija corta. Eventualmente sonó el timbre, y me ordeno que me vistiese.
Después de eso, de alguna manera el resto del día fue común; durante todo lo que quedó de colegio Catalina actuó como si no hubiese pasado nada, aunque sí llegué a ver como mis compañeras me miraban, hacían comentarios y se reían. Al finalizar la clase, cuando todos estábamos volviendo, catalina me nalgueó y me susurró:
—Te espero mañana, esclavo. Esto recién empieza.
Yo asentí asustado y seguí caminando a casa. Al llegar me acosté y vi como en los chats no paraban de pasar fotos, videos y burlas de lo ocurrido, yo no pude hacer otra cosa más que llorar hasta quedarme dormido.